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Experiencias concursantes

Camino al 9 de Julio, “los chicos cuentan”

"Los chicos cuentan", te desafía a nadar por el océano que proponen las TIC y afrontar nuestra historia, en singular y en plural.

Luciano Torres - Buenos Aires

                                                                                                                   Camino al 9 de Julio, “los chicos cuentan”

                                                                                                                                                                                                                                   Por Torres, Luciano Nicolás

Marcas invisibles, estereotipos sociales, “ellos no pueden”, “no saben”, “no les da la cabeza”, “tienen hambre”… Son desnutridos escolares. Rótulos que encapsulan el saber y el aprendizaje y legitiman un lugar de eternidad. Quizás en estas líneas ya perfilen sobre la comunidad destinataria del proyecto “los chicos cuentan” que desarrollé con alumnos de cuarto y quinto año de educación primaria.

Mi nombre es Luciano, el de ellos es de muchos modos “chicos de la calle”, “burros”, “pobres”… Esta posición es lo que impulsó la creación del proyecto escolar “los chicos cuentan” que desarrollé en mi centro educativo complementario, donde me desempeño como maestro de grupo primario.

Desde el comienzo, los centros educativos complementaros son propios de la modalidad de psicología comunitaria y pedagogía social. Los mismos atienden a alumnos en desfavorabilidad social y  vulnerabilidad educativa, quienes asisten a contra turno de sus escuelas de procedencia, por tanto, en los C.E.C. se produce un espacio de encuentro entre alumnos de diferentes instituciones educativas.

Una mañana, llega a nuestro centro una convocatoria organizada por el gobierno local. La misma, invita a todas las instituciones a participar de una muestra relacionada con el bicentenario de la independencia, oportunidad ésta para darle voz y visibilidad a nuestros alumnos.

Parado frente a mis alumnos, les conté una historia, nuestra historia como país en busca de una identidad propia, paradojas que convocan, la identidad que cada uno de ellos debe forjar. Caras perplejas, ojos brillantes, miradas ingenuas que transmiten incertidumbre, peguntas y descreimientos inundaron el aula como cataratas de inocencia. ¿Cómo recuperar la confianza?, ¿Estarían pensando que como docente le contaba un cuento de ficción? ¿La escuela miente? Era momento de aprovechar la luz de inquietud, tenía que diseñar una propuesta que les diera una oportunidad.

La oportunidad de ser y estar, ¿Cómo convencerlos que algo tenían para contar? Una chispa en el campo de la penumbra se disparó, yo tenía que convencerme que tenía algo para contarles, algo de la certeza acumulada. Así me sumergí en el océano de la información que aportan las TIC. Mientras leía, y leía seguía preguntándome, “tanto, tanto ¿Cómo ellos podían integrar todo esto?” Tenía que contarles lo que me pasó, pero también que se podía. En este punto, se los tenía que acercar desde un  modo diferente, desde un lugar donde ellos no habían transitado. Así decidí usar las TIC como un modo diferente desde donde podían ver y escuchar la historia, nuestra historia. Comencé buscando imágenes y luego de un proceso arduo de reconstrucción de nuestra historia armé un Power point para iniciar el recorrido que se estaba gestando. Y en este desafío, ya tenía una perspectiva sobre como contarles, pero nuevos interrogantes aparecieron ¿qué contar? ¿Desde donde había que empezar a contar? ¿Qué sabían los chicos de esto? ¿Cuáles eran los obstáculos epistemológicos con los que nos teníamos que encontrar?... Con todo ello, volví al aula y comencé a contar cuál era la propuesta, a saber, conocer nuestra identidad para luego transmitirla y/o contarla, ¿A quién? A todos. “qué vamos a contar si no sabemos”, “yo no sé nada”, “qué sé yo quien es ese”… Una tras otra las expresiones de la indiferencia del sistema. Con ello, yo estaba convencido que algo sabían, algo que quedó en lo más ocultó dentro del movimiento estereotipado del tránsito escolar, rituales de las efemérides escolladas y fragmentadas, algo tenían que saber y les tenía que ayudar a destaparlo y nadar en lo profundo de su conciencia. Sin más, comencé, el lente de proyección se encendió para trasferir sobre las paredes del salón un haz de luz, como gota que cae sobre el desierto, como interruptor que debela detrás de la oscuridad, como director que da comienzo a la función.

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Las imágenes propusieron, al estilo de director de orquesta la fusión comenzó, un torbellino de ideas invadió la escena. “Ese es Colón”, “el que descubría América”, “Esos son indios”, “los estaban matando”… Una idea tras otra, ahora bien, ¿debía estar satisfecho solo por permitirles entrar en lo profundo de la conciencia, presentar indicios a través de la lectura de imágenes? Claro que no, tenía que enseñar, habría que contar si quería que cuenten, la intervención eficaz. “¿Eran indios?, recordemos que Colón quería llegar a las indias, pero ¿llegó?, ¿Eran las Indias?...”Una y otra vez, el saber se interpeló, entró en dialogo. Ideas previas, saber disciplinar y tecnologías aliadas en un fin.

“¿Cuándo volvemos para seguir?”, “Me gusta la historia”, “¿qué pasó después?”, “¿hoy vamos a charlar sobre la historia?...” Algo se estaba gestando, un movimiento interno, un deseo de saber, el deseo de aprender se apoderó de los actores, yo aprender más de ellos, ellos saber más del conocimiento. Una clase tras otras, la luz del proyector inundó el aula, videos, imágenes, trasladaron a los alumnos a épocas remotas.

Como efecto de una realidad virtual que se hace piel, los niños viven la historia, la sienten: “les tiran aceite y agua caliente para defenderse de los ingleses”, “las tropas de Liniers NOS defienden”, “ya no queríamos depender del rey de España”, “Sobremonte se llevó todo NUESTRO oro…”   

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Caminamos juntos y construimos un lugar donde el saber se hizo piel. Ya teníamos algo para contar, aquello que nos acercó el mundo de la información y la comunicación, lo hicimos propio, pero no para traducir y reproducir sino para construir desde una deconstrucción que propusimos, creamos un continente donde el agua hace fuente. Ahora bien, era momento de contar desde nuestra vos, y con ello un nuevo desafío se interponía, ¿Cómo hacer eco en la inmensidad del espacio? 

Parado frente al reflejo que me proponía mi computadora, pensaba cómo las oportunidades comunicativas del internet podían maximizar los aprendizajes adquiridos, contar la historia de un modo distinto. Inundado nuevamente en el océano tecnológico, me sumergí, indagué, busqué y me pregunté; ideas brotaban como borbotones de mi mente, una tras otra, ¿presentar con un power point construido por ellos?, ¿Pararse frente a la gente y contarles uno por uno? ¿Crear folletos? ¿Armar un diario?... Nada parecía colmar mis ansias de llevar a los alumnos más allá de lo común, del lugar ya habitado, tenía que ser diferente. Así, una idea colmó mis deseos, como aquella gota que se derrama del vaso completo. “Los chicos cuentan a través de una línea de tiempo interactiva”, una línea de tiempo donde el usuario hace clic sobre una imagen o fecha significativa y lo traslada a un video; no, mejor a varios videos donde se puede elegir quien querés que te cuente.

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Con todas estas expectativas y esperanzas, como mochila de viajero, volví al encuentro con mis alumnos y se los propuse; “!Sí¡”, al unísono colmo el espacio del aula. ¿Había que armar la escena?, ¿tenían que estudiar?, ¿se animarían hablar frente a la cámara?, ¿sería vivenciada la experiencia como una evaluación?, interrogantes, uno tras otro. Sin más, tome mi cámara, pedí un salón para armar el set de grabación y les pedí a los niños que se dispusieran en parejas: “¡¿Ahora?¡, yo no estudie, no sé”, interpelaron mi propuesta los alumnos: “¡si!, ya ¡vamos¡”. Como quien da el comienzo al inicio de una maratón y pelotón fuimos al encuentro con el saber.

En diálogo permanente con cada pareja nos sumergimos nuevamente en cada etapa de nuestra historia, ellos como locutor de radio, como comentarista deportivo, hicieron cátedra de la obra. Una pareja tras otra, frente al lente mostraban que algo tenían para contar, que el saber se hacía piel, sus voces eran el reflejo de las marcas significativas de cada encuentro áulico, sus convicciones ante el espectador (ahora Yo) los convertía en actores y protagonistas del saber acumulado.

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Risas, olvidos, timidez, entusiasmo, nervios, una catarata de emociones envolvían la escena, pero con un conocimiento sólido y la convicción de saber y estar, ser parte y tener vos propia.

Nadar en aguas desconocidas fue el desafío y seguir arriesgándose era la propuesta. Ahora, como docente tenía que seguir aprendiendo, dar un cierre a lo trabajado. Tenía que llevar adelante el proceso de edición y producción de la línea de tiempo interactiva, la materia prima a disposición. Nuevamente, frente a las TIC me encontré, para dar lugar a un nuevo espacio. Así, aprendí un modo de potenciar el uso del programa Power point con las herramientas de hipervínculo y el desarrollo de edición de videos, junto al programa Sony vegas. Las TIC enriqueciendo la tarea pedagógica, proponiendo y disponiendo desde usuarios activos, productores y agentes innovadores. 

Como en todo el proceso de producción, los alumnos volvieron a ser protagonistas. Un nuevo desafío a la tarea pedagógica, enseñar lo que aprendí para que ellos descubran lo que descubrí. Ahora, ellos se apoderarían del uso de programas que habían estado bajo mi control. Así, reconstruyeron mis pasos y usaron desde un lugar diferente las nuevas tecnologías, ya no desde usuarios consumidores sino productores de saber y conocimiento con el apoyo de las tecnologías de la información y la comunicación.

                                                                                                                                                                                                                                       Torres, Luciano Nicolás

                                                                                                                                                                                                                                  Maestro de Grupo Primario

                                                                                                                                                                                                                               C.E.C. N°802, Junín. Bs. As.

Para acceder  al documento con imágenes ingresa a Camino al 9 de Julio, “los chicos cuentan”

Para conocer estas y otras experiencias ingresa a mi blog personal:    http://aprendizajepoderoso.blogspot.com.ar/